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LA CASA DE LAS SOMBRAS

La casa de las sombras

Basado en hechos reales contado por Enviado por Master Jack.

Escrito y adaptado por Alejandro Chavolla

 

La historia que voy a contar sucedió en Villa Comaltitlán municipio de Chiapas a mediados del 2017. Mi amigo al que llamare Mario simplemente. Él trabajaba como técnico instalador de paneles solares. En la comunidad a la que acudió junto con otros compañeros para hacer sus labores no reciben bien a los forasteros y no encontraban lugar para hospedarse así que iniciaron el camino a la cabecera municipal para buscar un hotel.

Durante el camino en una fonda pararon para comer algo. Mario y sus compañeros de trabajo le cayeron bien al dueño del lugar. Así que les dejo quedarse en un establo por una pequeña cantidad monetaria. El lugar era cómodo pese a ser muy humilde y podían dormir bien.

Al pasar los días Mario no pudo evitar preguntar si les permitirían quedarse en una casa próxima al establo que estaba a unos 30 metros de distancia hecha de material daba mejor protección a la intemperie que el carrizo del establo.

El dueño le dijo que la casa estaba desocupada pero que para no hacer largo el cuento ahí espantaban. Mario y sus amigos eran ateos. No creían en fantasmas, demonios, brujas ni nada de eso. Se rieron un poco y le dijeron al dueño que por ellos no había problema que podían compartí el cuarto con los aparecidos si estos pagaban su parte de la renta.

Entre carcajadas y carcajadas. Notaron al dueño un poco molesto, el cual les dijo: De acuerdo les daré las llaves. Pero no me paguen ahora. Páguenme mañana cuando despierte. Ese día fue muy caluroso y para bajarse el calor y aprovechando que era fin de semana compraron varias latas de cerveza. Tomaron hasta muy entrada la madrugada mientras se burlaban de la creencia de los religiosos.

Tan solo habían pasado unas horas desde que apagaron las velas y se acostaron. Pasando las 3 de la madrugada. Mario escuchaba ruidos pero pensó que eran sus compañeros que andaban por ahí. Mario podía sentir varios pasos caminando por el cuarto, después sintió como alguien se acostaba a su lado. El catre en el que dormía se sumió un poco.

Mario estaba consiente pero nunca se molestó en abrir los ojos. Pero de pronto con un sonido muy bajo, casi imperceptible. El escuchaba a alguien sollozar. Alguien estaba llorando. Pensó que el licor se le subió a uno de sus compañeros y se había puesto depresivo extrañando a su familia o novia.

Pero no sabía quién lloraba. Le entro curiosidad y abrió los ojos. Lo que vio le helo la sangre y le quito la borrachera al instante. En el catre de enfrente uno de sus compañeros estaba con la vista fija y sus ojos derramaban lágrimas. La nariz y boca escurrían. Tenía una cara atónita. Mario quiso preguntarle qué pasaba. Para su desgraciada fortuna Mario no podía hablar. Se dio cuenta que tampoco podía moverse, solo podía mover los ojos pero nada más aún no estaba consciente del todo lo que pasaba. Pero como un balde de agua fría lo hiso recordar algo que estaba pasando por alto.

Mario aun sentía a alguien acostado a su lado.  Bajó la mirada. Solo para notar como estaba sumida esa parte del catre sin poder ver que era lo que estaba ahí. Entonces lo entendió.  A su compañero de enfrente le estaba pasando exactamente lo mismo, él podía ver un viejo reloj en la pared. Mario nunca había deseado que amaneciera tanto como esa noche.

Los segundos se le hicieron largos y los minutos eternos. Cuando pensó que nada podía ser peor. Noto que estaba muy equivocado. Consiente, pudiendo escuchar y ver muy bien. Inesperadamente noto y pudo escuchar como la puerta de lámina se abría lentamente y como rechinaban los fierros. No sabía que pasaba y estaba tan aterrado que ni siquiera quería imaginárselo.

Lo que estaba por ver casi lo mata del susto. El catre enfrente de él, en el que su compañero estaba llorando, apenas emitiendo un pobre quejido. Salió de golpe un grito por todo el cuarto pasando por la puerta y terminando a unos metros alejado del cuarto en tan solo unos segundos.

Mario Quiso gritar también pero no podía. Estaba desesperado. Teniendo su miraba fija a un lado noto como las sombras por increíble que pareciese, tenían una forma humana. Apenas visible, cuando más notaba estas sombras prefirió cerrar los ojos con todas su fuerzas para dejar de verlas.

Lo siguiente que sintió fue el viento y polvo del exterior. Abrió lo ojos solo para notar que estaba afuera del cuarto, el y sus 4 compañeros. Todos con la mirada fija y perdida, todos habían vivido una noche lo que nunca olvidarian. Se pudo mover solo para correr con sus amigos y estar juntos.

a la distancia distinguieron las luces en la cocina del dueño quien preparaba pan. Corrieron todos y le contaron lo que paso. él les contesto. que paso no que esas cosas no existen. En ese cuarto vivía una familia. Pero un incendio acabo con la vida de sus habitantes.

Hasta la fecha ellos siguen cuidando su casa, no dejan que nadie invada su casa, mucho menos que se queden, ellos los van a sacar. No volvieron a dormir en el establo prefirieron volver a tuxtla. No se lo que paso despues pero mi amigo mario desde entonces acude mucho a la iglesia. esa experiencia fue suficiente para volver en devoto a un ateo.

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Derechos de contenido reservados – Alejandro Chavolla © 2018.

 

 

Publicado en Carreteras Fantasmas

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